Día 6
Adoración
Eucarística de los niños
Días 13 y 14
“24 Horas para el Señor”
en la Parroquia del Sagrado Corazón
de 9 a 21 horas
Día 15
Domingo Laetare.
En
el cuarto domingo de cuaresma el color litúrgico cambia el morado por el rosa.
Se trata del Domingo Laetare, o Domingo de la Alegría. Es un modo a través del
cual la Iglesia anima a sus fieles a culminar el período de penitencia
cuaresmal pensando en la alegría de la resurrección de Cristo. Se llama Domingo
de la Alegría porque así comienza el introito de la misa: “Alégrate Jerusalén”.
En
Adviento también se suele hacer lo mismo aunque en el tercer domingo. Se le
llama Domingo Gaudete. El motivo es el mismo: invitar a mirar hacia lo que está
por venir, la salvación, y alegrarse por ello.
Hace
siglos, en el cuarto domingo de Cuaresma, el papa recorría el camino que
separaba San Juan de Letrán, catedral de Roma, a la basílica de la Santa Cruz,
donde la tradición señala que se custodian pedazos de la Cruz de Cristo.
Llevaba en la mano una rosa dorada que entregaba al prefecto de Roma. De ahí
luego nació la costumbre de enviar una rosa dorada a los soberanos católicos,
personalidades públicas o como regalos de los pontífices a la Virgen María.
No está claro este origen de por qué este protagonismo de la rosa, aunque se piensa que podría venir de la Antigua Roma, donde esta flor escenificaba el paso de la dureza del invierno a la alegría de la primavera.
Día 19
DÍA DEL
SEMINARIO
La Iglesia celebra el 19 de marzo el Día del Seminario. “Deja
tus redes y sígueme”, es el lema
que se propone para este año.
Claves de la campaña
SEMANA SANTA
De la Pasión a la Gloria
La Iglesia celebra la Semana Santa. Conmemora los acontecimientos de la
pasión, muerte, sepultura y resurrección de Cristo, que
constituyen el misterio pascual, el centro de la vida del Señor.
La Semana Santa es
el paso de la tristeza al gozo. Son días de vivir con sobriedad
la pasión y la muerte de Jesús para luego celebrar, rebosantes de alegría, la
gloria de la resurrección.
Este camino a la Pascua también se hace visible en las
celebraciones de la Iglesia. La
sobriedad de los templos durante el Triduo. La Vigilia pascual, celebración del
tránsito de Cristo, de su Muerte a su Resurrección. Y
abandonamos la oscuridad para celebrar la gloria del Domingo de Resurrección,
para evidenciar que Cristo
es la luz del mundo.
"Su amor lo
llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos salvó dejando
que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la
paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor. Y el
Padre sostuvo el servicio de Jesús, no destruyó el mal que se abatía
sobre Él, sino que lo sostuvo en su sufrimiento, para que sólo el bien venciera
nuestro mal, para que fuese superado completamente por el amor. Hasta el
final". (Papa Francisco)

