6 de agosto
SANTO CRISTO DE LA VICTORIA DE VIGO
Muchas son las historias
que plantean el origen de la figura del Cristo y lo cierto es que ninguna de
ellas se ha podido demostrar documentalmente. Por tradición oral, el Cristo
también es conocido como “Cristo de la Sal”, sin embargo, no existe ningún
papel que lo certifique.
Cuenta la leyenda que una embarcación que transportaba un
cargamento de sal recogió la imagen de altamar y amenazados por el fuerte oleaje,
los marineros optaron por atracar en el primer puerto para dejar allí la talla
y prometieron asistir descalzos a una misa. Sin embargo, pudieron llegar a Vigo
sin problemas y cuando esta tempestad amainó, volvieron a adentrarse en la mar
olvidando cumplir con sus propósitos. Las olas se elevaron de nuevo en contra
de la embarcación por lo que no tuvieron más remedio que regresar a puerto. La
operación se volvió a repetir y viendo que la navegación se hacía inviable,
cayeron en la cuenta de que habían olvidado cumplir su promesa, de modo que
llevaron la imagen a la Colegiata de la ciudad, probablemente por su proximidad
al Puerto, y escucharon allí la misa.
De esta leyenda se
desprenden varias dudas. Una de ellas, trae consigo una de las hipótesis. Si la
talla llegó en un barco, ¿No es más lógico que los marineros la depositaran en
el convento de S. Francisco, en el Berbés, al que están ligados o incluso en la
capilla de la Misericordia, que pertenecía al gremio de los mareantes? Os
invitamos a que penséis sobre ello y participéis con vuestros comentarios en
nuestro foro. Quizás, tu opinión ayude a conocer la realidad.
Pero, ¿Quién arroja la imagen al mar y cuándo lo hace? Existen
varias versiones que responden a esta pregunta pero la más extendida dice que
durante el reinado de Enrique VII, los cristianos arrojaron las tallas al mar
para salvarlas de la quema durante las persecuciones contra los católicos esperando
que algún barco las rescatase.
Otras hipótesis sitúan la figura en la obra del escultor vasco
Sebastián Ucete datándola en 1740, coincidiendo con la misma fecha de la
primera referencia documental del Cristo: se trata de una carta que Dña.
Bernarda Bello de los Ríos dirige al Ayuntamiento solicitando permiso para
colocar una tarima que había sido retirada para enlosar el templo “echa y
reedificada a su costa a la espalda de la columna que se halla frente a la que
esta colocada el Santísimo Christo de la buena Victoria, y a correspondencia de
esta tarima que está en l pilar al lado derecho sin que sirviese de estorbo ni
impedimento alguno”.
Toda leyenda encierra
una realidad, sin embargo, no tenemos testimonio escrito que revele el origen
inequívoco del Cristo.
“Porque si perdonan a
los hombres sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes;
mientras que si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco perdonará su
Padre las ofensas de ustedes”
Mat 6:14-15
15 de
agosto
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María fue fijada en el 15 de agosto ya en el siglo V, con el sentido de "Nacimiento al Cielo" o, en la tradición bizantina, "Dormición" de Nuestra Señora. En Roma, la fiesta se celebra desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, con Pío XII, para que se proclamara el dogma dedicado a María asunta al cielo en cuerpo y alma. En el Credo Apostólico profesamos nuestra fe en la "Resurrección de la carne" y en la "vida eterna", fin y sentido último del camino de la vida. Esta promesa de fe se cumple ya en María, como "signo de consuelo y esperanza segura" (Prefacio). Este privilegio de María está estrechamente ligado al hecho de ser la Madre de Jesús: dado que la muerte y la corrupción del cuerpo humano son una consecuencia del pecado, no era conveniente que la Virgen María -libre de pecado- se viera afectada por ellos. De ahí el misterio de la "Dormición" o "Asunción al Cielo".
El hecho de que María esté ya en el cielo en cuerpo y alma es para nosotros un motivo de alegría, de felicidad, de esperanza. Una criatura de Dios -María- ya está en el cielo: con ella y como ella estaremos también nosotros, criaturas de Dios, un día. El destino de María, unida al cuerpo transfigurado y glorioso de Jesús, será el destino de todos los que están unidos al Señor Jesús en la fe y en el amor.
Es interesante constatar que la liturgia -a través de los textos bíblicos tomados del libro del Apocalipsis y de Lucas, con el canto del Magnificat- nos lleva a orar más que a reflexionar. El Evangelio, en efecto, nos sugiere que leamos el misterio de María a la luz del Magnificat: el amor gratuito que se extiende de generación en generación y la predilección por los últimos y los pobres encuentran en María su mejor fruto, su obra maestra, un espejo en el que todo el pueblo de Dios puede mirar sus propios rasgos.
La solemnidad de la
Asunción al Cielo de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma es el signo
elocuente de que no sólo el alma sino también el cuerpo son "cosa muy
hermosa" (Gn 1,31), hasta el punto de que, como en la Virgen María,
nuestra carne será asumida en el cielo. Esto no nos exime de comprometernos con
la historia; al contrario, es precisamente la mirada hacia la meta, hacia el
cielo, nuestra patria, la que nos impulsa a comprometernos en nuestra vida
presente siguiendo la línea del Magnificat: alegres por la misericordia de Dios
y atentos a todos los hermanos que encontramos en el camino, empezando por los
más débiles y frágiles.
16 de agosto
FESTIVIDAD DE SAN ROQUE
El nombre de Roque significa «fuerte como roca». Según la
tradición,1 nació en Montpellier (Francia)
hacia el año 1295, mientras que otras versiones lo trasladan al siglo xiv, entre los años 1348 y 1350.
Quedó
huérfano a los veinte años; entonces decidió vender todas sus posesiones,
repartir el dinero entre los pobres y hacer una peregrinación a Roma con
la intención de visitar los santuarios. En esa época se desató una epidemia de
peste que provocó gran mortandad en toda Europa.
Roque
recorrió Italia y se dedicó a curar y atender a todos los enfermos de
la peste. La tradición popular decía que curaba a muchos enfermos con solo
hacer sobre ellos la señal de la cruz. A los que morían, él mismo les hacía la
sepultura, pues nadie más se atrevía a acercarse a los cadáveres por el miedo a
contagiarse de la peste.
En Piacenza contrajo
la enfermedad; su cuerpo quedó lleno de manchas negras y úlceras. Como no
quería ser una carga para nadie, se arrastró hasta las afueras de la ciudad
para morir solo y se refugió en un bosque; allí nació un aljibe de agua que le
calmaba la sed. Poco después, un perro llegó con un pan y se lo dio a Roque
para alimentarlo; esto ocurrió por varios días, pues el perro sacaba el pan de
la cocina de su amo, hasta que un día el amo decidió seguir a su perro y
descubrió lo que ocurría. Entonces el amo del perro se encargó de cuidar a
Roque y curarle sus llagas. Cuando se recuperó, regresó a la ciudad, donde
siguió curando no solo a personas, sino también a animales.
22 de agosto
SANTA MARÍA VIRGEN REINA
El 22 de agosto celebramos a la Santísima Virgen María como
Reina. María es Reina por ser Madre de Jesús, Rey del Universo.
La fiesta de hoy fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955
para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al
final del año litúrgico. A Ella le corresponde no sólo por naturaleza sino por
mérito el título de Reina Madre.
María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un
momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria.
Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la
corona del Cielo y de la Tierra. María
está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a
su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su
Hijo por ser la que más cerca está de Él.
La Iglesia la proclama Señora y Reina de los ángeles y de los
santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los
mártires, de los confesores y de las vírgenes. Es Reina del Cielo y de la
Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y
noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como
la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.
La realeza de María no es un dogma de fe, pero es una verdad
del cristianismo. Esta fiesta se celebra, no para introducir novedad alguna,
sino para que brille a los ojos del mundo una verdad capaz de traer remedio a
sus males.



