1 de enero
59ª Jornada Mundial de la Paz
“LA PAZ ESTÉ
CON TODOS USTEDES: HACIA UNA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE”
El papa León XIV ha preparado un mensaje para la la 59.ª
Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2026. El mensaje
lleva por título La paz esté con todos ustedes: hacia una paz
“desarmada y desarmante”.
«¡La paz
esté contigo!», así
comienza el Santo Padre su mensaje en el que destaca la paz como «palabra» de
Jesús resucitado: «Es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio
definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad».
En el mundo se observa un «contraste entre las tinieblas y la
luz». Sin embargo, León XIV recuerda que «ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse
en la oscuridad» y que todo discípulo de Jesús está
llamado a vivir esta realidad. «La
paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de
iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz
tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se
le susurra para siempre”.
«La paz existe, quiere habitar en
nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste
a la violencia y la vence»
El
Santo Padre también advierte del riesgo de «olvidar la luz» y adoptar una
mirada distorsionada del mundo: «Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones
carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que
olvidan la gracia
de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén
heridos por el pecado». Para compartir esa paz, antes debe haber una amistad
personal con ella, una que irradia en nuestra propia vida, como animaba a hacer San
Agustín.
«¡Abrámonos a la paz! Acojámosla y
reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible.
Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino», es la invitación
del Papa a todo el mundo. En este contexto, León XIV recuerda también a las
personas que trabajan por la paz, personas que resisten a la «contaminación de
las tinieblas»: «[…] la
paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y
los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no
olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos».
«¡Abrámonos a la paz! Acojámosla y
reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una
meta, la paz es una presencia y un camino»
El
Papa insiste en que la paz debe ser desarmada,
es decir, no basada en el miedo, las amenazas ni las armas: «La paz de Jesús
resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha […]». Es Cristo quien,
antes de ser arrestado, dice a «los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero
no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se
inquieten ni teman!» (Jn 14,27)».
La primera reacción de los discípulos fue de desconcierto, sin embargo,
«el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final». «El camino de Jesús sigue
siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera
defenderlo: «Envaina tu
espada» (Jn 18,11;
cf. Mt 26,52)»,
escribe el papa León XIV.
«La paz de Jesús resucitado es
desarmada, porque desarmada fue su lucha […]»
También
debe ser desarmante,
capaz de resolver los conflictos, abrir los corazones y generar confianza
mutua, empatía y esperanza. «La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se
hizo niño», detalla el Santo Padre. El mensaje de León XIV concluye pidiendo
para que la paz «sea un fruto del Jubileo de la
Esperanza,
que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y
a comenzar en sí
mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que
Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas».
Mensaje
íntegro del papa:
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/12/18/181225a0.html
https://www.youtube.com/watch?v=5qpcYeiCUTY
18 de enero
JORNADA
Y COLECTA DE LA INFANCIA MISIONERA
“TU VIDA, UNA MISIÓN”
“Tu vida, una misión” es el lema de la Jornada de Infancia
Misionera que celebramos el domingo 18 de enero de 2026.
Un
día muy importante, en el que los niños están invitados a ayudar a los demás
niños, especialmente a los que no tienen lo necesario para vivir o no conocen a
Dios. Todos somos misioneros, y podemos ayudarles con nuestra oración y nuestro
dinero.
Con esta Obra
Pontificia, el Santo Padre implica a los niños del mundo para ayudar a otros
pequeños como ellos en las misiones. Y cuenta también con adultos
comprometidos, para que los misioneros sigan proporcionando educación, salud y
formación cristiana a más
de 4 millones de niños en 120 países.
Con toda
sencillez y franqueza, en un discurso a monaguillos franceses (25-8-2025), el
papa León XIV anima a estos a abrir su corazón a la vocación sacerdotal.
¿Presentamos a los niños esta posibilidad, o la de estar llamados a ser
misioneros o misioneras?
“Os invito […] [a tomaros] tiempo para hablar con
Jesús en lo secreto del corazón y amarlo cada vez más. Su único deseo es formar
parte de vuestras vidas para iluminarlas desde dentro, para convertirse en
vuestro mejor amigo, el más fiel. La vida se vuelve bella y feliz con
Jesús. Pero Él espera vuestra respuesta. Llama a la puerta y espera
para entrar: «Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz
y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20).
¡Estar «cerca» de Jesús, de Él, el Hijo de Dios, entrar en su amistad! ¡Qué
destino inesperado! ¡Qué felicidad! ¡Qué consuelo! ¡Qué esperanza para el
futuro!
[…] Solo Jesús viene a salvarnos, nadie más; porque
solo Él tiene el poder de hacerlo —Él es Dios Todopoderoso en persona— y porque
nos ama. San Pedro lo dijo con fuerza: «Bajo el cielo no se ha dado a los
hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hch 4,12). Nunca olvidéis
estas palabras, queridos amigos, grabadlas en vuestro corazón; y poned
a Jesús en el centro de vuestra vida. […]
Hay una prueba segura de que Jesús nos ama y nos
salva: Él entregó su vida por nosotros ofreciéndola en la cruz. En
efecto, no hay amor más grande que dar la vida por aquellos a quienes
se ama (cf. Jn 15,13). Esta es la cosa más maravillosa de nuestra fe
católica, algo que nadie habría podido imaginar ni esperar: Dios, el creador
del cielo y de la tierra, quiso sufrir y morir por nosotros, sus criaturas.
¡Dios nos amó hasta morir! Para hacerlo, descendió del cielo, se humilló a sí
mismo y se hizo semejante a los hombres, y se ofreció en sacrificio sobre la
cruz, el acontecimiento más importante de la historia del mundo. ¿Qué debemos
temer de un Dios que nos ha amado hasta este punto? ¿Qué más podríamos esperar?
¿A qué aguardamos para amarle en correspondencia como merece? Gloriosamente
resucitado, Jesús vive junto al Padre, ahora cuida de nosotros y nos comunica su
vida eterna.
Y la Iglesia, de generación en generación, custodia
con esmero la memoria de la muerte y resurrección del Señor, de la cual es
testigo, como su tesoro más preciado. La custodia y la transmite celebrando la
eucaristía, a la que vosotros tenéis la alegría y el honor de servir. La
eucaristía es el tesoro de la Iglesia, el tesoro de los tesoros. Desde el
primer día de su existencia, y luego a lo largo de los siglos, la Iglesia ha
celebrado la misa, domingo tras domingo, para recordar lo que su Señor hizo por
ella. En las manos del sacerdote y a sus palabras «esto es mi Cuerpo, esta es
mi Sangre», Jesús sigue entregando su vida en el altar, sigue derramando su
sangre por nosotros hoy. Queridos monaguillos, ¡la celebración de la
misa nos salva hoy! ¡Salva al mundo hoy! Es el acontecimiento más
importante en la vida del cristiano y de la Iglesia, porque es el encuentro en
el que Dios se nos entrega por amor, una y otra vez. ¡El cristiano no va a misa
por obligación, sino porque la necesita absolutamente!; ¡necesita la vida de
Dios que se da sin pedir nada a cambio!
Queridos amigos, os agradezco vuestro compromiso: es
un servicio muy grande y generoso el que prestáis a vuestra parroquia, y os
animo a perseverar fielmente. Cuando os acerquéis al altar, tened
siempre presente la grandeza y la santidad de lo que se celebra. La
misa es un momento de fiesta y de alegría. En efecto, ¿cómo no sentir alegría
en el corazón en presencia de Jesús? Pero la misa es, al mismo tiempo, un
momento serio, solemne, lleno de gravedad. Que vuestra actitud, vuestro
silencio, la dignidad de vuestro servicio, la belleza litúrgica, el orden y la
majestad de los gestos hagan entrar a los fieles en la grandeza sagrada del
Misterio.
Deseo también que estéis atentos a la llamada
que Jesús podría dirigiros a seguirlo más de cerca en el sacerdocio.
Me dirijo a vuestras conciencias de jóvenes, entusiastas y generosos, y os diré
una cosa que debéis escuchar, aunque pueda inquietaros un poco: ¡la falta de
sacerdotes en Francia, en el mundo, es una gran desgracia! Una desgracia para
la Iglesia. Que podáis, poco a poco, domingo a domingo, descubrir la belleza,
la felicidad y la necesidad de una vocación así. ¡Qué vida tan maravillosa la
del sacerdote que, en el corazón de cada uno de sus días, se encuentra con
Jesús de una manera tan excepcional y lo entrega al mundo!
Queridos monaguillos, […] perseverad con valentía,
y dad testimonio a vuestro alrededor del orgullo y la alegría
que os da el servir en misa”.
https://www.youtube.com/watch?v=LEkPkUfuZDM&t=1s
Del
18 al 25 de enero
OCTAVARIO
POR LA UNIÓN DE LAS IGLESIAS CRISTIANAS
“Uno solo es el cuerpo y uno solo el
Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Efesios
4,4)
En el hemisferio norte, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Wattson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo, de gran importancia simbólica. En el hemisferio sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones, las Iglesias adoptan otras fechas para celebrar la Semana de Oración, por ejemplo, en torno a Pentecostés (sugerencia del movimiento Fe y Constitución en 1926), que también es una fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.
Para este año, las oraciones y reflexiones
para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos han sido preparadas
por los fieles de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con sus hermanos y
hermanas de las Iglesias armenias católica y evangélica. La Semana de Oración
por la Unidad de los Cristianos 2026 invita a recurrir a esta herencia
cristiana común y a profundizar en nuestra comunión en Cristo, que une a los
cristianos de todo el mundo. La unidad, más que un simple ideal, es un mandato
divino que está en el centro de nuestra identidad cristiana. Representa la
esencia de la llamada de la Iglesia a reflejar la unidad armoniosa de nuestra
vida en Cristo en la diversidad. Esta unidad divina es fundamental para nuestra
misión y está sostenida por el profundo amor de Jesucristo, que nos ha
destinado a un mismo fin. Como afirma el apóstol Pablo en su carta a los
Efesios: «Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la
esperanza a la que habéis sido llamados» (4,4). Este versículo bíblico, elegido
para este año, encierra la profundidad teológica de la unidad de los
cristianos.
A lo largo de las Sagradas Escrituras, la
llamada de Dios a la unidad resuena desde los tiempos más remotos. Empezando
por el Antiguo Testamento, la súplica de Abraham a Lot pone de relieve el deseo
divino de paz y armonía entre los creyentes: «No quiero que haya altercados
entre nosotros dos ni entre nuestros pastores, porque somos hermanos» (Génesis
13,8). El llamamiento de Abraham a la armonía y al respeto mutuo, a pesar de la
separación final, subraya la importancia de vivir en paz. Esta instrucción
divina continúa en Levítico 19,18, donde Dios ordena: «No serás rencoroso ni
vengativo con tus compatriotas, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor». Estas prescripciones nos recuerdan que el perdón y el amor
son vitales para mantener la unidad dentro de la comunidad de fe.
Los Salmos celebran la belleza de la unidad
entre el pueblo de Dios, declarando: «¡Qué bueno, qué agradable es que los
hermanos vivan juntos!» (Salmo 133,1). Esta imagen subraya la importancia de la
unidad en el designio de Dios para su pueblo. Proverbios, por otra parte,
advierte contra la discordia en el pueblo de Dios, afirmando que Dios desprecia
a los que siembran la discordia entre hermanos y hermanas (6,19), y enseña que
la paciencia y el perdón son esenciales para mantener la armonía (19,11). En el
Nuevo Testamento, Jesucristo eleva el concepto de unidad a una dimensión
espiritual, reflejo de la profunda relación entre Él y el Padre. La unidad
entre sus seguidores no es simplemente la ausencia de conflictos, sino un
vínculo profundo y espiritual que refleja la unidad de la Santísima Trinidad.
La oración de Jesús en Juan 17,21 pide a los creyentes que sean uno como el
Padre y Él son uno, demostrando que nuestra unidad se basa en nuestra relación
con Cristo y en nuestra misión común de compartir la Buena Nueva. El
mandamiento fundamental de Jesús de amarnos unos a otros como Él nos ha amado
(Juan 13,34-35) refuerza que este amor es la esencia de nuestra unidad. Este
amor sacrificado y desinteresado es a la vez el vínculo de nuestra comunidad y
el testimonio primordial de nuestro seguimiento. La oración de Jesús al Padre
pidiendo para que nuestra unidad sea un testimonio ante el mundo (Juan 17,23)
se convierte en un testamento que prolonga su misión divina. Los Apóstoles se
hacen eco de este tema en sus enseñanzas. Las epístolas de Pablo subrayan la importancia
de la unidad en la Iglesia, instándonos a vivir dignamente nuestra vocación con
humildad, mansedumbre, paciencia y amor (Efesios 4,1-3). La visión que Pablo
tiene de la unidad en Romanos 12,6 muestra la diversidad de dones que edifican
el cuerpo de Cristo. Entre ellos han de existir relaciones armoniosas, como
aparece en 2 Corintios 13,11 y Filipenses 2,1-2, lo que implica tener una sola
mente y un solo espíritu en Cristo, reforzando así el mandato divino de unidad
y el reconocimiento de la diversidad.
En Efesios 4,4 se resume la enseñanza de
Pablo sobre la unidad, subrayando que los seguidores de Cristo representan «un
solo cuerpo y un solo Espíritu», unidos en una única esperanza.
25
de enero
VII DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
“LA PALABRA DE CRISTO HABITE
EN VOSOTROS”
El
Domingo de la Palabra de Dios es una iniciativa profundamente pastoral para
hacer comprender cuán importante es en la vida cotidiana de la Iglesia y de
nuestras comunidades la referencia a la Palabra de Dios, una Palabra no
encerrada en un libro, sino que permanece siempre viva y se hace signo concreto
y tangible.
La
expresión bíblica con la que se celebrará la VII edición del Domingo de
la Palabra de Dios está tomada de la carta de san Pablo a los
Colosenses: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16).
Día 24 de enero
FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA
PAZ
PATRONA DE LA PARROQUIA
“
Misas a las 9,00 y 11,00 horas y la Solemne a las 7 de la tarde.
Vigilia Mariana y Exposición
al Santísimo a las 17,00 horas.
Procesión a las 20,00 horas
con la imagen de la Virgen por las calles de alrededor de la Parroquia



