2 de febrero
Cáritas Diocesana de Tui-Vigo organiza la XV
Edición del Ciclo de Cine Social
En
el marco de la XV edición del Ciclo de Cine Social que organiza Cáritas
Diocesana de Tui-Vigo, el
lunes, 2 de febrero, a las 19:30 horas, se proyectará la película “Por todo lo alto”, en el Cine Teatro Salesianos,
para visibilizar y difundir diversos valores vinculados con la entidad a través
de medios audiovisuales como el cine. La entrada será gratuita hasta
completar el aforo.
“Por
todo lo alto”,
título original en francés “En fanfare”, es una película francesa
de 2024 dirigida por Emmanuel Courcol.
La película es una comedia dramática con guion original escrito por el propio director
en colaboración con Irène Muscari, Oriane Bonduel, Marianne Tomersy y Khaled
Amara. Protagonizada en sus papeles principales por Benjamin
Lavernhe, Pierre Lottin y Sarah Suco,
se presentó en un pase en el Festival de Cannes el 19 de mayo de 2024. Su
estreno en cines en Francia se produjo el 27 de noviembre de
2024[3] y su estrenó en España, el 28 de
marzo de 2025.
Argumento
Thibaut
Desormeaux es un reconocido director de orquesta que, tras surgirle una grave
enfermedad, y necesitado de un trasplante de médula
ósea, se entera de
que fue adoptado por sus padres. Inicia entonces una búsqueda que le llevará a
descubrir a Jimmy Lecocq, su hermano pequeño biológico y su gran esperanza para
el trasplante. Jimmy vive modestamente en el norte de Francia: es empleado de
una cafetería escolar y toca el trombón en la banda municipal de su pequeño
pueblo. Ese amor y habilidad para la música es lo único que parece unir a los
dos hermanos. Las circunstancias llevarán a Thibaut a dirigir la banda
municipal y, al detectar las excepcionales habilidades musicales de su hermano,
se propone reparar la injusticia del destino. Jimmy entonces comienza a soñar
con otra vida.
8 de febrero
Campaña contra el hambre de Manos
Unidas
“Declara la
guerra al hambre”
El
lema de campaña para 2026 es: “Declara
la guerra al hambre", y ratifica el compromiso de Manos
Unidas por la paz en el mundo actual, asumiendo como punto de partida una
premisa defendida por el Papa Benedicto XVI: «combatir la pobreza es construir la paz».
Fue
precisamente la voluntad de combatir el hambre la que llevó a algunas mujeres
hace ya 67 años a fundar Manos Unidas. La guerra al hambre es “la única que
debería ser lícita en el mundo, porque la verdadera lucha no se libra con
armas, sino con recursos, solidaridad y alimentos
En esta nueva campaña
institucional y donde las esperanzas de paz en nuestro mundo se vinculan con el
reto de una vida digna para todo ser humano, la Exhortación apostólica Dilexi te del papa León XIV ilumina el
trabajo de Manos Unidas. León XIV nos invita a comprometernos con el bien común
y, en particular, con la defensa de los más débiles y desfavorecidos; la
promoción de la democracia; el reconocimiento de la dignidad de millones de
personas privadas de su libertad y obligadas a vivir en condiciones similares a
la esclavitud. Es, sin duda, una forma humana y sobre todo cristiana de apostar
por una paz que erradique toda forma de violencia, incluida la estructural.
Vídeo de la campaña: https://www.youtube.com/watch?v=q-rjdZKJaEw
11 de febrero
Jornada Mundial del Enfermo
“La compasión del
samaritano: amar llevando el dolor del otro”.
“Lo llevó a una posada y lo
cuidó” (Lc 10, 35)
Este
año 2026 el Papa León XIV nos propone volver nuestra mirada y reflexionar sobre
el Buen Samaritano. Y ha elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial
del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2026: “La compasión del samaritano: amar
llevando el dolor del otro”.
El tema, centrado en la figura
evangélica del samaritano que manifiesta su amor al cuidar al hombre
herido que ha caído en manos de los ladrones, quiere subrayar este
aspecto del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de
cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de
aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un
contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la
soledad.
La Jornada Mundial del Enfermo,
instituida por San Juan Pablo II en 1992, busca ser un momento
privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad
eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de
Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad y la
fragilidad.
Al igual que el buen samaritano que se
detiene y se inclina ante el herido en el camino, la comunidad cristiana
está llamada a detenerse ante quien sufre, y a dar testimonio evangélico
de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables.
En esta Campaña ponemos en el centro
el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada a donde el Buen
Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De
ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se
presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha
venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del
cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y endemoniados” (Mc 1,32). Si
pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están
las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean
sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca
volvió la cara hacia otro lado y hoy nos envía a cumplir su propia obra y
nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y
cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la
Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre,
consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea (cf.
Papa Francisco, Audiencia 10-VI- 2015).
Cuidar a los enfermos y sus cuidadores
lejos de suponer un problema son una oportunidad evangelizadora de primer
orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto XVI, “un signo eficaz
e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para
vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si
queréis, salváis al mundo”.
18 de febrero
Miércoles de ceniza
Convertíos y creed el Evangelio
La implantación del Miércoles de
Ceniza hay que relacionarla con la institución de la penitencia canónica. Éste
era un día muy importante para los que iban a iniciar la penitencia cuaresmal
antes de ser admitidos a la reconciliación el día de Jueves Santo. En los
siglos V y VI, la entrada en la penitencia tenía lugar al principio de la
Cuaresma. Este dato nos lo confirmará más tarde —en el siglo VII— el llamado
Sacramentario Gelasiano b (I, XVI), uno de los más antiguos libros litúrgicos
de la tradición romana. En este sacramentado, la entrada en la penitencia
canónica se sitúa el miércoles que precede al domingo primero de Cuaresma. Por
eso será llamado «Miércoles de Ceniza». Ese día, después de haber oído en
privado la confesión del penitente, el obispo, en un acto litúrgico solemne,
impone las manos sobre la cabeza de los penitentes, les cubre de ceniza, les
hace vestir de cilicio —una especie cíe vestimenta hecha con pelo de cabra— y
les invita a emprender un camino de penitencia y de conversión. Al final de la
celebración, los penitentes son expulsados de la Iglesia y entran a formar
parte del grupo —el «orden— de los penitentes. El rito de reconciliación tiene
lugar el día de jueves Santo.
Durante la Cuaresma, los penitentes se
entregan a toda clase de mortificaciones y prácticas piadosas: visten de
oscuro, con ropas miserables y burdas; se someten a un ayuno riguroso,
privándose en absoluto de comer carnes; hacen abundantes limosnas y se
ejercitan en toda clase de obras de misericordia. En las asambleas litúrgicas
son colocados en un lugar especial, al fondo de la iglesia. Sólo asisten a la
liturgia de la palabra. Antes del ofertorio, en el marco de la oración de los
fieles, se hace una oración por ellos y se les despide''. Por otra parte,
durante el tiempo de Cuaresma los sacerdotes imponen las manos a los penitentes
y, en señal de duelo, en los días de fiesta asisten de rodillas a las oraciones
de la iglesia. Todos estos gestos externos, marcados a veces de una
extraordinaria rudeza y rigurosidad, deben ser la expresión visible de la
penitencia interior. Deben hacer patente a los ojos de la comunidad cristiana
el estado de ánimo del penitente, su actitud de arrepentimiento y de conversión
y, sobre todo, su voluntad decidida de emprender un camino de renovación
cristiana. No se excluye, sin embargo, entender estos actos de penitencia como
gestos de expiación y de satisfacción por los pecados. En todo caso, todo este
conjunto de prácticas penitenciales no son sino la expresión de la actitud
interior del hombre que se siente pecador ante Dios y espera ansiosamente el
perdón de la misericordia divina.
Desaparecida ya la penitencia
canónica, la celebración del Miércoles de Ceniza nos invita hoy a una profunda
revisión de nuestra vida, de nuestras actitudes y criterios de comportamiento;
a iniciar un serio proceso de conversión y de purificación. Cuaresma es un
tiempo de gracia que Dios nos concede como un regalo. Quizás sea ésta, la
cuaresma que hoy comenzamos, una oportunidad singular e irrepetible que no debiéramos
echar en saco roto. Debemos tomarnos en serio este período de Cuaresma y
enfrentarnos con nuestra propia realidad personal. Tenemos por delante un largo
camino para la escucha de la palabra de Dios, para la reflexión personal y para
el encuentro silencioso con Dios en la soledad de ese desierto singular que nos
hemos construido en la profundidad de nuestra conciencia íntima. Al final de
esa peregrinación, la Pascua se nos aparecerá como una explosión de luz
fulgurante y transformadora.



