LA COMUNIDAD PERUANA DE VIGO CELEBRA EN LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ LA FESTIVIDAD DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Será el domingo 16 de Octubre a las 13,00 horas, Misa solemne y procesión, organizada por la “Confraternidad de devotos al Señor de los Milagros de Vigo”.




El Señor de los Milagros es una imagen de Jesucristo originalmente pintada en una pared de adobe, ubicada tras el Altar Mayor del santuario de Las Nazarenas de Lima (Perú) y venerada en Lima y diversas partes del mundo. La imagen fue hecha durante el siglo XVI por un esclavo proveniente de Angola.

Con el paso del tiempo, esta imagen fue cambiando, pues se le agregaron las figuras de Dios Padre, María y María Magdalena. Un dato interesante es el origen del nombre de Cristo Moreno, debido a que, entre sus fieles, la mayoría era gente de piel morena.

El 13 de noviembre de 1655 a las 14:45 horas, tuvo lugar un terremoto que causó pánico en Lima y Callao, dejando cientos de derrumbes, heridos y muertos. No obstante, para sorpresa del público en general, la pared simple de adobe donde se encontraba el Cristo quedó intacta.

Años después, Antonio de León, laico español que integraba la parroquia de San Sebastián, encontraría la imagen y empezaría a rendirle culto. Antonio no se encontraba bien de salud, tenía migraña, estaba muy delgado y débil. Entonces, empezó a visitarla a diario para rogarle al Señor de Pachacamilla que le cumpla el milagro de sanarlo. Meses después, Antonio se recuperó por completo. De esta manera, este hombre se convertiría en la primera persona que atestiguaría y predicaría sobre esta fe.

Asimismo, Antonio, con la aprobación del virrey y del arzobispo, construyó una ermita en el lugar y la convirtió en recinto de oración.

En 1746 un segundo terremoto -acontecido también en octubre- volvió a dejar en ruinas a la ciudad, con miles de muertos y damnificados; y el muro otra vez se mantuvo en pie. Dicho hecho produjo una reacción sorpresiva: se hizo una copia de la pintura para llevarla por las calles de la ciudad.

En Perú, la festividad del Señor de los Milagros es la principal celebración católica. Además, por si fuera poco, es una de las procesiones más grandes del mundo.

Su culto multitudinario no es exclusivo de Perú. Ciudades como Santiago de Chile, Buenos Aires, Madrid y Nueva York, entre otras, son anualmente escenario de concurridas procesiones donde miles de fieles peruanos y extranjeros renuevan su fe en la sagrada Imagen.

 










DOMUND: JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

El Domund es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones.

Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”.

Este año el Domund cumple 200 años al servicio de la misión.

“Seréis mis testigos”

En el momento de su partida, antes de su ascensión al cielo, Jesús encomienda a sus discípulos la tarea de la evangelización. Ellos reciben la misión de dar testimonio del Señor en todos los lugares de la tierra con la fuerza del Espíritu Santo.

Por medio de la Iglesia, y ahora específicamente con la Jornada del Domund, se nos recuerda que esta encomienda de Jesús es para todos nosotros. Ser cristiano es dar testimonio del Reino de Dios con palabras y obras.

¿SOY SAL Y LUZ? ¿SOY TESTIGO?

José María Calderón Director de OMP en España

Ante la situación de nuestro mundo, podemos tener la tentación de replegarnos y culpar de lo que está ocurriendo a los políticos o a los que gestionan los grandes poderes de nuestra sociedad: medios de comunicación, responsables de las redes sociales, los que manejan las economías más importantes…

Es fácil, recurrente e incluso cómodo mirar a los demás cuando se trata de echar la culpa. Pero yo me pregunto: estos hechos que nos rodean de corrupción generalizada, de mentira continuada, de ideologización de la cultura, de la educación y de la forma de concebir la vida y la sociedad, todo esto… ¿no será acaso también porque los que debemos ser sal de la tierra y luz del mundo, como nos dice Jesús en el Evangelio (cf. Mt 5,13-16), no lo estamos siendo? ¿Manifestamos con nuestro comportamiento que estamos iluminados por la Luz, que es Cristo? ¿Somos testigos del Señor que se presenta a sí mismo como el Camino, la Verdad y la Vida?

El testimonio de Pauline…

Hace muy poco, el 22 del pasado mes de mayo, se beatificaba en Lyon a Pauline Marie Jaricot. Esta mujer no vivió tiempos más fáciles y cómodos que los nuestros. Era una laica de la Francia de principios del siglo XIX, llenos de reminiscencias caducas e ideológicas… Pero no pactó con el mundo que le había tocado vivir. Con una intrepidez espectacular y, sin duda, con la fuerza que da el Espíritu Santo a los que aman a Dios, ella quiso ser testigo de algo mejor, de un mundo mejor, de unas relaciones humanas mejores.

La joven Pauline unió la oración, verdadera contemplación del corazón, con la acción y con la compasión. Y concibió así “el plan” que permitió fundar la Sociedad de la Propagación de la Fe en 1822, motivada por el deseo de que en el mundo reinara el amor de Dios, capaz de hacer que todo se transforme. Una Sociedad que, con el correr del tiempo, llegó a convertirse nada menos que en una de las Obras Misionales a las que el papa Pío XI dio justo un siglo después, en 1922 —otro de los grandes centenarios de este año—, la categoría de “Pontificias”, recomendándolas y encomendándolas a toda la Iglesia.

Pero hubo todavía más. La creación, también por parte de la beata Pauline Jaricot, de la Asociación del Rosario Viviente, que tuvo lugar unos años más tarde, en 1826, fue una lección de confianza en Dios y en el poder de la oración para hacer realidad la paz y la fraternidad prometidas por Jesús. Y, por último, su empeño firme y audaz de sacar a los trabajadores y, especialmente, a las trabajadoras de una forma de vida injusta, inhumana y anticristiana —empeño que acabó llevándola a la ruina y a la mayor de las pobrezas— es todo un testimonio de que el creyente no se puede conformar con el lamento y la queja; de que cada uno de nosotros, tú y yo, igual que el papa Francisco o las religiosas, estamos llamados a ser testigos de Cristo muerto y resucitado; de que ninguno de nosotros puede pactar con la mediocridad.

… y el de nuestros misioneros

El Santo Padre ha propuesto para la Jornada del Domund de este año 2022 el lema “Seréis mis testigos” (Hch 1,8). Eso dice el Señor a los apóstoles. Y estos hombres, pocos y con muchas debilidades, se extendieron por todo el mundo, sin miedos, sin complejos, sin protestas ni condiciones, a llevar aquello que habían descubierto en el Corazón de Cristo, que les había cambiado la vida.

Hoy muchos hombres, y más mujeres todavía, de todas las condiciones —solteros, casados, sacerdotes, consagrados…— están siendo testigos de Dios por toda la tierra. Son nuestros misioneros; esas personas que han oído la voz del Redentor que las llama y están convencidas de que pueden aportar su grano de arena para que este mundo sea un poco más digno cada día.

Son hombres y mujeres de todas las edades, aunque la media de años, muy alta, es señal de que hacen falta nuevos jóvenes, como ellos lo fueron en su momento, que vivan también ese precioso compromiso de entrega a la misión para toda la vida. Son personas que creen que pueden ser sal que ayude a que no se corrompa nuestra sociedad; que creen que pueden ser luz que impida que las tinieblas del pecado, el egoísmo, la soberbia y la avaricia reinen en nuestros corazones.

El Domund de 2022 va a ser un bonito homenaje a los que, como Pauline Jaricot, se creen el Evangelio y procuran ser sus testigos en la misión. Porque el Señor quiere testigos, sus testigos. ¡Y tú y yo estamos llamados a serlo en medio del mundo!

Mensaje del Santo Padre Francisco:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/missions/documents/20220106-giornata-missionaria.html

Vídeos 

https://www.youtube.com/watch?v=MuGpU0PJ2vQ

https://www.youtube.com/watch?v=8sImnHxxxh8

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