16 de julio
Día de las gentes del mar,
“Dan mucho, merecen más”
¿Cuál es el mensaje del obispo
promotor?
“Dan mucho, merecen más” es el lema de este
año con un
contenido, afirma el obispo promotor del Apostolado del Mar, Mons. Luis Quinteiro Fiuza, “bien elocuente:
la gente de mar da mucho”. El mundo de la pesca, la marina
mercante con el transporte de mercancías o el tráfico de pasajeros avalan que
el trabajo de la gente del mar “proporciona mucho bienestar a la
población mundial”.
Y ¿cómo
se les protege? Se pregunta Mons. Quinteiro. La
respuesta está en los convenios internacionales, “que son instrumentos muy
importantes que ayudan al bienestar de la gente de mar”. Sin embargo, lamenta,
“de un lado buscan garantizar mínimos y, por otro lado, en la práctica, su
aplicación no siempre es la más adecuada”.
El
también obispo de Tui-Vigo resalta
la exigencia
del trabajo en el mar, “en muchos casos peligroso, como
muestran lamentablemente los accidentes que, especialmente en la pesca, todos
los años se producen. Las jornadas son largas y los ritmos de trabajo cada vez
más estresantes”. Sin embargo, “nos encontramos con que la sociedad
los valora muy poco”.
“La gente del mar merece mucho más”
Ante
esta situación, Mons. Quinteiro reclama que “la gente
del mar merece mucho más: merece más atención, seguridad
física y laboral, una acogida humana cuando llegan a puerto, un contacto lo más
fluido posible con sus familias, suficientes vacaciones y salarios acordes a
sus circunstancias de vida y trabajo”.
También denuncia que
“la globalización, la proliferación de barcos bajo bandera de conveniencia, la
entrada masiva de marinos y pescadores de países del Tercer Mundo, con menores
pretensiones salariales, han traído un retroceso general de las condiciones
laborales de la gente de mar”.
En
medio de esta situación, la Iglesia celebra la fiesta de la
Virgen del Carmen, que “se vive con auténtica devoción popular,
como nos lo demuestran las innumerables procesiones marineras que se producen a
lo largo de la costa española. Cualquier puerto, por pequeño que sea, quiere
honrar a su patrona”. Los pescadores salen con sus barcos engalanados para
«¡que todos la vean!”.
“Rindamos homenaje a la gente de mar”
“Celebrémoslo con alegría, hagamos
fiesta” señala Mons. Quinteiro, pero al mismo tiempo, “rindamos
homenaje a la gente de mar” que “ha sufrido y sufre aún en
parte las consecuencias de la guerra de Ucrania. Muchos marinos han visto cómo
sus familias huían y huyen a otros países, con dificultades para comunicarse
con ellos y con la incertidumbre de no saber cuándo y dónde volver a reunirse”.
El
prelado propone hacer una breve reflexión sobre
la vulnerabilidad de la gente de mar y sobre lo necesitados que están de
asistencia y de ayuda para salir del aislamiento que frecuentemente sufren.
El Apostolado
del Mar, desde sus inicios, como destacó el cardenal Mons. D.
Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano
Integral, realiza un servicio en favor de la gente de mar y sus familias. Y
particularmente en estos últimos años en los que la pandemia y el conflicto en
Ucrania han “exacerbado las condiciones laborales de la gente de mar, a menudo
privada de sus derechos y dignidad”.
Por
eso, Mons.
Quinteiro resalta la importancia de que en los puertos
haya un servicio
de asistencia a las tripulaciones, “que se tengan en cuenta sus
necesidades humanas, así como las de los pescadores, y que se vele por su
dignidad”. La Organización Internacional del Trabajo lo indica y la
Organización Marítima Internacional repite una y otra vez “que el bienestar de
las gentes del mar es también básico para el buen funcionamiento del tráfico
marítimo. De esas personas vulnerables depende, en gran medida, el
abastecimiento de nuestra sociedad y el desplazamiento de muchas personas”.
El
prelado concluye pidiendo a la Virgen del Carmen que
las gentes del mar y sus familias “reciban una mayor atención general a sus
necesidades, recordando siempre que: «dan mucho, merecen más».”
En datos
La Iglesia Católica presta
su asistencia a la gente del mar a través de Stella Maris, Apostolado del Mar. Su
objetivo es ofrecer al marino “un hogar lejos del hogar” y atenderles
en sus necesidades sociales, culturales, laborales y espirituales. Además
de la atención
a sus familias, especialmente en el caso de poblaciones marineras.
Una de las actividades
principales es la visita a los barcos durante el tiempo que están en puerto. Se
contacta con las tripulaciones para ponerse a su disposición y saber sus
necesidades.
En los puertos pesqueros
se presta atención a los pescadores y sus familias.
III JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LOS MAYORES
23 de julio
«Su misericordia se extiende de generación en generación» (Lc 1,50)
Queridos hermanos y hermanas:
«Su misericordia se extiende de generación en generación» (Lc 1,50): este es el tema de la III Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Es un tema que nos reconduce a aquel encuentro bendito entre la joven María y su pariente anciana Isabel (cf. Lc 1,39-56). Esta, llena del Espíritu Santo, se dirige a la Madre de Dios con palabras que, a distancia de milenios, acompasan nuestra oración cotidiana: «Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre» (v. 42). Y el Espíritu Santo, que ha descendido ya sobre María, la impulsa a responder con el Magníficat, en el que proclama que la misericordia del Señor se extiende de generación en generación. El Espíritu Santo bendice y acompaña cada encuentro fecundo entre generaciones distintas, entre abuelos y nietos, entre jóvenes y ancianos. Efectivamente, Dios desea que, como hizo María con Isabel, los jóvenes alegren el corazón de los ancianos, y que adquieran sabiduría de sus vivencias. Pero, sobre todo, el Señor desea que no dejemos solos a los ancianos, que no los releguemos a los márgenes de la vida, como por desgracia sucede frecuentemente.
Es hermosa, este año, la cercanía entre la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores y la de la Juventud; ambas tienen como tema la “prisa” de María para ir a visitar a Isabel (cf. v. 39), y de ese modo nos llevan a reflexionar sobre el vínculo entre los jóvenes y los ancianos. El Señor espera que los jóvenes, al encontrarse con los ancianos, acojan la llamada a custodiar la memoria y reconozcan, gracias a ellos, el don de pertenecer a una historia más grande. La amistad con una persona anciana ayuda al joven a no reducir la vida al presente y a recordar que no todo depende de sus capacidades. Para los más ancianos, en cambio, la presencia de un joven les da esperanza de que todo lo que han vivido no se perderá y que sus sueños pueden realizarse. En definitiva, la visita de María a Isabel y la conciencia de que la misericordia del Señor se transmite de una generación a la otra revelan que no podemos avanzar —y mucho menos salvarnos— solos y que la intervención de Dios se manifiesta siempre en el conjunto, en la historia de un pueblo. Es María misma quien lo dice en el Magníficat, exultando en Dios que ha obrado maravillas nuevas y sorprendentes, fiel a la promesa hecha a Abrahán (cf. vv. 51-55).
Para acoger mejor el estilo de actuar de Dios, recordemos que el tiempo tiene que ser vivido en su plenitud, porque las realidades más grandes y los sueños más hermosos no se realizan en un momento, sino a través de un crecimiento y una maduración; en camino, en diálogo, en relación. Por ello, quien se concentra sólo en lo inmediato, en conseguir beneficios para sí rápida y ávidamente, en tener “todo enseguida”, pierde de vista el actuar de Dios. Su proyecto de amor, por el contrario, atraviesa pasado, presente y futuro, abraza y pone en comunicación las generaciones. Es un proyecto que va más allá de nosotros mismos, pero en el que cada uno de nosotros es importante, y sobre todo está llamado a ir más allá. Para los más jóvenes se trata de ir más allá de esa inmediatez en la que se confina la realidad virtual, la cual muchas veces distrae de la acción concreta; en el caso de las personas mayores se trata de no hacer hincapié en las fuerzas que decaen y de no lamentarse por las ocasiones perdidas. Miremos hacia adelante. Dejémonos plasmar por la gracia de Dios que, de generación en generación, nos libra del inmovilismo en el actuar y de los remordimientos del pasado.
En el encuentro entre María e Isabel, entre jóvenes y ancianos, Dios nos da su futuro. El camino de María y la acogida de Isabel abren las puertas a la manifestación de la salvación. A través de su abrazo, la misericordia de Dios irrumpe con una gozosa mansedumbre en la historia humana. Quisiera pues invitar a cada uno de ustedes a pensar en aquel encuentro, más aún, a cerrar los ojos y a imaginar, como en una foto, aquel abrazo entre la joven Madre de Dios y la madre anciana de san Juan Bautista; a representarlo en la mente y a visualizarlo en el corazón, para fijarlo en el alma como un luminoso icono interior.
Y los invito además a pasar de la imaginación a la realización de un gesto concreto para abrazar a los abuelos y a los ancianos. No los dejemos solos, su presencia en las familias y en las comunidades es valiosa, nos da la conciencia de compartir la misma herencia y de formar parte de un pueblo en el que se conservan las raíces. Sí, son los ancianos quienes nos transmiten la pertenencia al Pueblo santo de Dios. Tanto la Iglesia como la sociedad los necesita. Ellos entregan al presente un pasado necesario para construir el futuro. Honrémoslos, no nos privemos de su compañía y no los privemos de la nuestra; no permitamos que sean descartados.
La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores quiere ser un pequeño y delicado signo de esperanza para ellos y para toda la Iglesia. Renuevo por ello mi invitación a todos —diócesis, parroquias, asociaciones y comunidades— a celebrar esta Jornada, poniendo en el centro la alegría desbordante de un renovado encuentro entre jóvenes y ancianos. A ustedes, jóvenes, que se están preparando para ir a Lisboa o que vivirán la Jornada Mundial de la Juventud en sus lugares de origen, quisiera decirles: antes de ponerse en camino vayan a encontrar a sus abuelos, hagan una visita a un anciano que esté solo. Su oración los protegerá y llevarán en el corazón la bendición de ese encuentro. A ustedes ancianos les pido que acompañen con la oración a los jóvenes que van a celebrar la JMJ. Estos muchachos son la respuesta de Dios a sus peticiones, el fruto de lo que sembraron, el signo de que Dios no abandona a su pueblo, sino que siempre lo rejuvenece con la fantasía del Espíritu Santo.
Queridos abuelos, queridos hermanos y hermanas mayores, que la bendición del abrazo entre María e Isabel los alcance y colme de paz vuestros corazones. Los bendigo con afecto. Y ustedes, por favor, recen por mí.
Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo de 2023, Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María.
25 de julio
Santiago Apóstol
El Apóstol Santiago, patrón de España y evangelizador del norte de la Península Ibérica
Si vas a recorrer el Camino de Santiago, tienes sí o sí que conocer la figura del Apóstol. En la Biblia se alude habitualmente a él bajo el nombre de Jacobo, término que pasó al latín como Iacobus y derivó en nombres como Iago, Tiago y Santiago (sanctus Iacobus). Santiago de Zebedeo o Santiago el Mayor fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y morir por Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan Evangelista -ambos apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus temperamentos impulsivos- y uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo, el apóstol Santiago no solo estuvo presente en dos de los momentos más importantes de la vida del Mesías cristiano -la transfiguración en el monte Tabor y la oración en el huerto de los Olivos-, sino que también formó parte del grupo restringido que fue testigo de su último milagro, su aparición ya resucitado a orillas del lago de Tiberíades.
Tras la muerte de Cristo, Santiago, apasionado e impetuoso, formó parte del grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén y, en su labor evangelizadora, se le adjudicó, según las tradiciones medievales, el territorio peninsular español, concretamente la región del noroeste, conocida entonces como Gallaecia. Algunas teorías apuntan a que el actual patrón de España llegó a las tierras del norte por la deshabitada costa de Portugal. Otras, sin embargo, dibujan su camino por el valle del Ebro y la vía romana cantábrica e incluso las hay que aseguran que Santiago llegó a la Península por la actual Cartagena, desde donde enfiló su viaje hasta la esquina occidental del mapa.
La llegada de los restos del Apóstol a Compostela
Tras reclutar a los siete varones apostólicos, que fueron ordenados obispos en Roma por San Pedro y recibieron la misión de evangelizar en Hispania, el apóstol Santiago regresó a Jerusalén, según los textos apócrifos, para, junto a los grandes discípulos de Jesús, acompañar a la Virgen en su lecho de muerte. Allí fue torturado y decapitado en el año 42 por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea. Los supuestos testamentos relatan que, antes de morir, María recibió la visita de Jesús resucitado, a quién le pidió pasar sus últimos días rodeada de los apóstoles, que se encontraban dispersos por todo el mundo. Su hijo le permite que sea ella misma, a través de apariciones milagrosas, la que avise a los discípulos y, de esta forma, la Virgen se hace presente sobre un pilar de Zaragoza frente al apóstol Santiago y los siete varones, episodio hoy venerado en la basílica de Nuestra Señora del Pilar.
Fueron estos siete discípulos, relata la leyenda, los que, tras escaparse aprovechando la oscuridad de la noche, trasladaron el cuerpo del apóstol Santiago en una barca hasta Galicia, adonde arribaron a través del puerto de Iria Flavia (actual Padrón). Los varones depositaron el cuerpo de su maestro en una roca -que fue cediendo y cediendo, hasta convertirse en el Sarcófago Santo- para visitar a la reina Lupa, que entonces dominaba desde su castillo las tierras donde ahora se asienta Compostela, y solicitarle a la poderosa monarca pagana tierras para sepultar a Santiago.
26 de julio
San Joaquín y Santa Ana
JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y `PERSONAS MAYORES
En el marco de la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores convocada por el Papa Francisco, resulta imprescindible la figura de San Joaquín y Santa Ana, quienes dan origen al día de los abuelos que se celebra cada 26 de julio.
Joaquín y Ana son los nombres que nos revela la Tradición acerca de quienes fueron los padres de la Virgen María. Esto, si ya de por sí es un gran honor y una inmensa gracia de Dios, se intensifica al deducir que, como padres de la Virgen, son también los abuelos de Jesús.
Esta enorme dignidad, que es parte de la promesa salvadora de Dios para con el pueblo de Israel y todo el género humano, se encuentra parcialmente revelada en los nombres de estos dos santos. Y es que todos los nombres de origen judío encierran un significado que habla de la Alianza establecida por Dios con el pueblo de Israel. Mientras que el nombre Joaquín significa “Dios prepara”, el de Ana quiere decir gracia.
La unión de estos esposos adelanta la preparación del plan de Dios para repartir infinidad de gracias, de las cuales la primera fue el fruto inmediato de este matrimonio, María.
Por los ancianos. El vídeo del Papa
https://www.youtube.com/watch?v=DVAH6iqW4RM&t=4s




